Aventuras de OhVideo XII (En el hogar, dulce hogar de Fidelio Reprodook).

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El haz de luz de la linterna de OhVideo enfocó a la amenazadora figura.

-¡Cuidado, no me apuntes directamente, tengo una vista muy sensible! –chilló una vocecilla dulce y aniñada.

De pronto, la silueta que pocos momentos antes se asemejaba a un terrible depredador se reveló como una forma tierna e inofensiva; tenía una constitución similar a la de un híbrido celular, como OhVideo, pero con orejas y hocico, más parecida a uno de esos muñequitos con los que jugaban los terminales bebés.

-¿Kién eres tú? –inquirió Sonora, todavía con cierta desconfianza.

-Me llamo @VerOnice –dijo con una sonrisa ingenua y coqueta-, pero podéis llamarme Ónice.

-Bueno, supongo que debemos darte las gracias por salvarnos –adujo OhVideo-. ¿Cómo has llegado hasta aquí?

-Vivo aquí –respondió Ónice-. Siempre he vivido aquí, en el #MuseoDeHistoria.

-¿Y cómo e’ eso? –preguntó Eddyt.

-Soy producto de un accidente –contó la afable terminal-. Hace años hubo un #virus que colapsó las redes del museo y los servidores cayeron de modo masivo. Entonces, to

De pronto, Ónice se quedó callada y quieta como una estatua, como si se le hubiera fundido la batería.

-¿K le pasa? –se extrañó Sonora.

-Lo siento –se disculpó Ónice, volviendo automáticamente a la vida-. Tengo problemas de socialización y sólo puedo comunicarme en sentencias de 140 caracteres. Entonces necesito una réplica.

-Vaya, encajarías muy bien en este grupo –intervino Videona, que aún se quitaba mugre de encima.

-¿Y qué pasó entonces, cuando cayeron los servidores? –interrogó OhVideo.

-Se inhabilitaron todos los servicios: php, mysql… Y de ese caos de #info y datos de red, en el vacío, nací yo.

-Pues ha sido una suerte que estuvieras aquí –apuntó el híbrido celular-. Estoy pensando que, si vives en los sótanos, quizá puedas ayudarnos un poco más. ¿Conoces bien las catacumbas?

-¡Por supuesto! –respondió la pequeña felina- Conozco cada rincón y cada habitante del lugar. Soy como una #PuertadeEnlace de estos subterráneos.

-Eso es estupendo –dijo OhVideo-. Hemos venido hasta aquí buscando algún modo de convertir unos cilindros fonográficos en archivos legibles. Sabemos que el museo guarda en los sótanos multitud de máquinas y artefactos antiguos…

-Uhm, esos cilindros son una rareza –reflexionó Ónice-. Ya no quedan fonógrafos por aquí… Pero creo que conozco a alguien que puede, al menos, reproducirlos.

-¡Fabuloso! –exclamó Eddyt.

-Es un viejo dictáfono algo excéntrico, un poco chalado, pero seguro que podrá ayudaros.

Y salió correteando y cantando por los pasillos de las catacumbas. La pandilla y Bobina la siguieron a duras penas, menos capacitados para moverse con soltura por los bordillos. Unos minutos después, el grupo se vio conducido a través del laberinto de callejas hasta la puerta de lo que parecía ser un antiguo cuarto de mantenimiento. Ahora, del alféizar colgaba un cartel con una leyenda escrita a mano: “Hogar, dulce hogar. Fidelio Reprodook”.

-Aquí es –anunció Ónice, tras lo cual golpeó la puerta con fuerza repetidas veces-. Es que el pobre está algo sordo.

“Pues empezamos bien”, pensó Camarada, “un dispositivo sonoro sin audición”.

A los pocos segundos, la puerta se abrió y el anciano dictáfono apareció tras ella.

-Ah, eres tú, Ónice –dijo el artilugio-. No sabía si era algo de estática en mi cabeza…

-¡Hola, Fidelio! –saludó la terminal felina dándole un abrazo- He traído unos amigos, requieren de tus capacidades.

-Perdone, señor Reprodook –intervino OhVideo-. Tenemos unos registros fonográficos que queremos convertir a algún archivo legible y no sabemos cómo hacerlo.

-De todo eso que has dicho te habrás enterado tú –adujo Fidelio-, porque yo no te he escuchado absolutamente nada.

-Tendrás que hablarle más alto –expuso Ónice.

-¡Digo que tenemos unos registros fonográficos y que necesitamos reproducirlos! –gritó OhVideo.

-Vaya, ¿y qué hacen unos chicos como vosotros con unos reguladores de voltaje?

-No, no… ¡Unos registros fonográficos! ¡Pertenecían a mi bisabuelo, el marqués deCibelio!

-Ooooh, el marqués deCibelio –evocó el anciano con nostalgia-. Hacía muchos, muchos años que no escuchaba ese nombre. Por supuesto, fue un dispositivo muy popular en su tiempo.

-¿Y crees que puedes hacer algo con esos #CilindrosDeCera? –preguntó Ónice.

-¿Qué cilindros de cera? –replicó Fidelio- ¿De qué me hablas tú, chiquilla?

-¡Los registros fonográficos! –insistió OhVideo.

-¿Registros fonográficos? –se extrañó el anciano-. No, no quiero comprar nada, gracias.

-Uf, esto va a ser largo –murmuró Videona.

Tras un rato de extensas explicaciones, por fin el dictáfono captó las intenciones de los jóvenes. Los invitó a pasar a su pequeña morada, un cuartucho que el aparato sonoro había arreglado con piezas viejas de otros artefactos y demás desperdicios que caían en los sótanos del museo, y entonces analizó los cilindros de cera.

-Seguro que puedo reproducirlos –informó-. Pero para convertirlos necesitaríamos un dispositivo que pudiera captar y compartir información…

-Bueno, yo soy una terminal de difusión y compartición de audio –declaró Sonora.

-Ah, pues entonces, tal vez, podamos intentarlo –dijo el dictáfono.

Fidelio tomó un racimo de cables que él mismo había arreglado, con todas las entradas y salidas posibles: tenía conectores RCA, canon, jack y algunos muy antiguos que ya ni siquiera se usaban. Insertó un conector tipo 8 a su módulo y, por el otro lado, un minijack en la cabeza de Sonora. Entonces puso el primer cilindro en su plataforma de grabación y reproducción.

-En fin, echad un vistazo mientras pasamos los registros –invitó Fidelio-. Hay un montón de cacharros viejos en esta casa y quizá encontréis algo con lo que entreteneros…

Efectivamente, el antiguo cuarto de mantenimiento tenía un montón de estanterías metálicas en las cuales el viejo dictáfono había ido apilando todo lo que encontraba por los pasadizos: había una antiquísima cámara oscura portátil, multitud de disquetes de 3 ½, una cinta de casette junto a un bolígrafo cuya relación los chicos no acabaron de entender… Estuvieron investigando y divirtiéndose durante un rato, hasta que, cansados, fueron recostándose en distintos rincones de la morada y terminaron entrando en modo suspensión.

kachivaches low videona

-Ay, jóvenes aventureros –murmuró Fidelio Reprodook-. Quién tuviera sesenta años menos…

La noche pasó con el zumbido de los cilindros girando en la plataforma, hasta que el dictáfono fue despertando a los chicos.

-Vamos, vamos, que ya han abierto el museo –informó, poniendo ante sus ojos un reloj de campana doble-. Hace un rato que terminó el traspaso de los registros fonográficos.

-¿Ya están todos copiados? –preguntó OhVideo frotándose el ojo.

-Así es –contestó Sonora, comprobando sus sistemas-. Y convertidos en archivos wav.

-Fabuloso –barbulló Eddyt medio dormido-. Po’ fin pod’emos ver qué contienen…

-Sí, pero será en otro momento –dijo OhVideo-. Ahora debemos irnos antes de que los guardas del museo noten que hemos forzado las puertas de los sótanos.

Todos se levantaron y, dirigiéndose a la puerta del hogar, se despidieron de Fidelio. Ónice acompañó a la pandilla hasta la salida de los sótanos para que no se perdiesen.

-Bueno, Ónice, encantad@s de haberte conocido :- ) –dijo Sonora cuando estaban ante las escaleras que les habían conducido hasta las catacumbas.

-Lo mismo digo –replicó la singular terminal-. Ha sido estupendo conocer #GenteNueva…

No tuvieron más problemas para salir de los sótanos, mezclarse con los primeros turistas que visitaban el museo y, pasando desapercibidos, abandonar el lugar. En el exterior, el día era claro y soleado. Exhaustos por la aventura en las catacumbas, pero colmados de emoción, los cinco chicos se despidieron.

Cada uno por separado, mientras caminaba hacia su casa, rememoraba los momentos vividos riéndose livianamente, de manera divertida y desentendida, sin comprender aún la significación de los mismos, sin ser conscientes de que, a lo largo de los años, hay pequeños momentos y experiencias que, por su peso y por lo que le aportan al tiempo de nuestras vidas, nos transforman para siempre.

Y así termina la primera temporada de Las Aventuras de OhVideo. Pero en poco tiempo la pandilla volverá para iniciar, por fin, su viaje a Fotograma. ¡Hasta pronto!

Ilustraciones: Juan Vega

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1 Comment
  • Iago Fernandez-Cedrón
    abril 30, 2015

    Gran final para la temporada de las Aventuras de OhVideo. Voy a echar de menos la Isla Kachivache hasta que vuelva.

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