Aventuras de OhVideo XI (En busca de los artefactos perdidos).

Los cinco jóvenes se habían quedado parados ante las escaleras que conducían a los sótanos del Museo de Historia de Telekom.

-Bueno, no podemos pasarnos la noche observando un pasillo oscuro –declaró OhVideo-. Estamos aquí por un cometido muy concreto y ya hemos llegado muy lejos. Así que, ¡vamos!

Armándose de valor, el joven comenzó a bajar las escaleras. El resto lo siguió con cierto reparo apiñándose entre los escasos dos metros que el túnel tenía de lado a lado. Durante unos minutos bajaron hacia los sótanos entre antiguos cables coaxiales y viejas tuberías cuyos goteos resonaban de manera inquietante entre el silencio y la negrura de la oquedad. Al poco rato, las escaleras terminaron y contemplaron la estancia de entrada a las catacumbas; era un gran hall herrumbroso de paredes desconchadas en el que se abría una bifurcación de tres caminos. Bobina saltó hacia la cabeza de Camarada y tomó su puesto en el tambor del mismo. Acto seguido, el dispositivo cinematográfico comenzó a proyectar hacia uno de los muros, mostrando, en una película estática, los planos de las catacumbas. Sonora, que había estudiado las localizaciones del mapa, lo estudiaba concienzudamente.

-Ya lo tengo –anunció-; las estancias en las k guardan los artilugios + vetustos se encuentran tomando el camino de la izquierda.

En grupo, tomaron dicha senda dejando ahora que Camarada, que iluminaba el camino mientras proyectaba los planos del lugar, caminara a la cabeza.

-Cuidado, hay un riachuelo en medio del pasillo –advirtió OhVideo.

Efectivamente, una acanaladura por la cual corría un arroyo de datos basura, archivos temporales y otros elementos residuales separaba la calleja de las catacumbas en dos estrechos bordillos. Los jóvenes tuvieron que ponerse en fila india y caminar con suma precaución para no caer.

-¡Puajjj, qué peste! –expresó Videona.

-No e’tás aco’tumbrada, niña rica del Di’trito Tech –dijo Eddyt cariñosamente-. En el Di’trito RAEE tenemo’ ve’tederos que huelen mucho peor…

-¿K es eso k se mueve allí? –se alertó Sonora, señalando unos metros más adelante.

-Pues c’reo que son… -murmuró Eddyt dubitativo.

-¡Sí, son ratones! –exclamó Sonora al ver las luces rojas de sus ruedas centrales.

-¡Ratones, no los soporto! –se espantó Videona.

De pronto, una verdadera horda de ratones apareció corriendo por ambos bordillos, bajo sus pies. No eran divertidos ratones ópticos de campo, sino asquerosos ratones mecánicos con montones de basura acumulados en sus bolas de goma.

-¡Ah, me e’tán mo’diendo! –se quejó Eddyt.

Videona, que daba manotazos al aire, pareció perder el control. Los rabos cableados de los ratones, con sus repugnantes puertos PS/2, comenzaron a enredarse en las piernas de la aplicación mientras los chillidos de los roedores se volvieron ensordecedores.

-¡Cuidado, la niña rica se va a caer al riachuelo! –dijo Sonora haciendo sonar su altavoz al máximo de los nervios.

Efectivamente, Videona se vio arrastrada por la estampida de ratones y, tras resbalar, fue a parar directamente a las aguas residuales. Los datos basura comenzaron a llevársela corriente abajo.

-¡Videona, espera! –aulló OhVideo.

-¡Ayudadme, no sé nadar! –balbució la aplicación chapoteando entre las aguas.

Sin pensarlo, OhVideo se arrojó al reguero de residuos y comenzó a nadar en dirección a Videona. Sus compañeros corrieron por el bordillo al mismo tiempo.

-¡Aguanta, Vidi, ya estoy ahí! –le animó OhVideo.

Pero la joven se hundía una y otra vez y no parecía verlo. Por fortuna, Eddyt, Sonora y Camarada corrieron lo suficiente como para superarla. El pincel dejó caer su frondosa y larga mata de pelo sobre las aguas mientras sus compañeros lo sujetaban con fuerza. Simultáneamente, OhVideo había llegado ya hasta donde se encontraba Videona y la asió fuertemente con un brazo mientras con el otro se sujetaba al pelo de Eddyt.

videona rescatada kachivache low

-¡No me sueltes, OhVi! –le susurró la aplicación al oído, asustada.

-Nunca, Vidi –certificó OhVideo también en un susurro.

En poco tiempo, Eddyt, Camarada y Sonora lograron subirlos al bordillo. Sin embargo, la sucia caterva de ratones todavía les seguía y se lanzaba hacia ellos.

-¡Son demasiados! –dijo OhVideo- ¡No podemos luchar contra ellos!

Todos se pusieron a girar los haces de sus linternas y a dar patadas a los ratones, pero estos no parecían amedrentarse lo más mínimo. Entonces, una figura felina surgió de las sombras y comenzó a comerse a los roedores mientras repartía zarpazos a diestra y siniestra.

-¿Qué es… eso?… –preguntó Eddyt tan apabullado como el resto.

-No lo sé, pero está ahuyentando a los ratones –indicó OhVideo.

Efectivamente, en poco tiempo, el extravagante personaje se había comido a la mitad de las alimañas y había espantando a la otra mitad. Incluso cuando se habían marchado ya, se quedó en posición de caza gruñendo hacia el vacío. Entre la oscuridad, sus ojos se veían rojos y fieros y su figura, amenazadora. Finalmente, OhVideo tuvo el valor de enfocar a su salvador con la linterna…

¿Quién es el misterioso personaje que ha ayudado a nuestros amigos? No os perdáis la próxima entrega de las Aventuras de OhVideo, que marcará el final de la temporada…

Ilustraciones: Juan Vega
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