Aventuras de OhVideo VI (Una dama en apuros).

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Cuando Sonora conectó con el entorno virtual del Play Store apareció entre las arboledas de fototransistores. Incapaz de dar un paso, enferma como se encontraba, se sentó en el suelo apoyada en el tronco de uno de los árboles.

-Ay, k fastidio… -se quejaba en un murmullo y con una fina vela de moquillo colgándole del altavoz-. La temperatura de mis sistemas está subiendo de nuevo. ¿Dónde se habrá metido OhVideo?

Su querido amigo, precedido por el androide verde, llegaba precisamente a su encuentro apareciendo tras unos arbustos de disipadores.

-¡Por fin te encuentro! –exclamó OhVideo-. ¿Cómo vas, Soni?

-¡Vaya, ya estás akí! –bramó Sonora, a la que se le había destemplado la voz hasta convertirse en una ronca convulsión- ¿Dónde te habías metido, cabezón? ¿Estabas perdiendo el tiempo kon esta pastilla de menta?

-Tranquila, Sonora, no te enfades –respondió OhVideo sorprendido de la cólera de su amiga.

-No te preocupes, está delirando y no sabe bien lo que dice –informó Andy-. Tiene el procesador ardiendo.

-¿Qué podemos hacer? –se preocupó el terminal celular.

-Dale de comer algunas planchas de esos arbustos disipadores, son refrigerantes y le bajarán rápidamente la temperatura –aseguró el androide-. Mientras tanto, yo iré a buscar el último antivirus que ha salido, el Kill’em All Malwares. Volveré en un minuto. Ah, y tened cuidado; últimamente ha habido algunos fallos en esta sección del entorno MV y unos cuantos grupos de metadatos han perdido el juicio, escapando a los bosques para molestar a los usuarios.

sonora disipadores

-¿Cómo? ¿Y qué pueden hacer…?

Pero Andy ya había salido volando en busca del antivirus. Resoplando, OhVideo le metió un par de planchas disipadoras en el altavoz a Sonora.

-Puf, tendría k haberme kedado en casa –se lamentó la pequeña terminal-. Las estrellas titilantes de este entorno cósmico me están sentando fatal. :-s

-Calma, seguro que ese nuevo antivirus te cura por completo. Confía en Andy.

-¿K es lo k ha dicho de unos metadatos caníbales? –preguntó la terminal acústica.

-¿Caníbales? No ha dicho nada de caníbales –respondió OhVideo asustado, no muy seguro de recordar bien lo que le había comentado el androide.
De repente, unos gritos de auxilio llegaron desde el otro lado de la arboleda.

-¿K es eso? –se sorprendió Sonora- ¿Estoy delirando de nuevo o lo oyes tu tamb?

-¡Quédate aquí, vuelvo en un momento!

OhVideo cruzó el bosque dando veloces saltos hacia el lugar de donde procedían los chillidos. Al cabo de unos momentos, salió a una nueva explanada y pudo ver, a unos metros, a una pálida y resplandeciente terminal removiéndose nerviosamente entre un enjambre de metadatos descarriados. Se lanzaban enloquecidos sobre ella, pero OhVideo no podía culparlos; la joven que esos repugnantes bichos pretendían comerse era la más bella terminal que el híbrido celular había visto nunca.

sonora contra los metadatos copia

Tan blanca como la luz de una bombilla led, contaba con un solo ojo, al igual que él, pero con una mirada profundamente cautivadora, y el resplandor que despedía le ofrecía un aspecto angelical entre la estelar oscuridad del Sistema Metaverso. Azorado, OhVideo se quedó contemplándola unos instantes con la boca abierta, olvidándose completamente de los metadatos que se le echaban encima.

-¿Es que no piensas ayudarme, pasmarote? –exclamó la joven de pronto, sacándolo de su ensimismamiento.

-¡Ah, sí, claro!

Reciamente, OhVideo arrancó una rama fototransistora de uno de los árboles y se dirigió hacia los peludos metadatos aullando como un bárbaro en combate.

-¡Fuera, criaturas desquiciadas! –bramaba, mientras les propinaba severos golpes agitando la rama de un lado a otro.

En poco tiempo, los metadatos descarriados, más timoratos de lo que aparentaban, se dispersaron y desaparecieron.

-Buuf –resopló OhVideo como si hubiera luchado contra un ejército de troyanos-. ¿Estás bien?

-Supongo que debo darte las gracias –dijo la joven, recomponiéndose coquetamente-. Aunque casi me sacudes en la cabeza, con esa manera desairada que tienes de blandir un arma.

-No parece que me estés dando las gracias –repuso OhVideo algo molesto.

-Procésalo como quieras.

A pesar de su falta de amabilidad, el terminal celular no podía evitar sentirse turbado y, al mismo tiempo, atraído por la extraña energía que despedía esa desconocida, cuya naturaleza no era capaz de descifrar. Había algo distinto y verdaderamente especial en ella, pero OhVideo no acertaba a entender de qué se trataba…

¿Quién será la misteriosa y enigmática terminal con la que OhVideo se ha tropezado? Descúbrelo en la siguiente entrega.

 

Ilustraciones: Elitxo Garayalde

 

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