Aventuras de OhVideo IX (Operación Museo).

Las Diacrónicas estaban a punto de llegar; OhVideo y su pandilla habían resuelto casi todos los detalles de su expedición a Fotograma, pero aún les quedaba pendiente un asunto que habían ido dejando a un lado: los registros sonoros del marqués deCibelio. Sonora había encontrado una solución para decodificar los dichosos cilindros, así que la terminal acústica expuso su idea en una de las reuniones que mantenían en el garaje de Eddyt.

-¿Los sótano’ del Museo de Hi’toria? –se asombró el joven cubytiano- ¿E’tás loca?

-Dadas las circunstancias, es nuestra mejor opción –sentenció Sonora-. El museo tiene + de 200 años y en sus sótanos hay almacenada una multitud de artefactos vetustos y extinguidos.

-Es cierto –convino OhVideo-. Seguro que muchos de esos aparatos aún funcionan y entre ellos encontramos alguno que pueda ayudarnos con los registros. ¡Muy buena idea, Soni!

-Pero, ¿cómo vamos a acceder a los sótanos del museo? –preguntó Videona, que desde hacía ya un par de semanas participaba de todos los encuentros-. La entrada a esa sección está prohibida y jamás nos darían un permiso a nosotros para visitarla.

-No necesitamos un permiso –respondió Sonora-, sino un escondite dentro del museo, en el que nos ocultaremos hasta k cierren, y un modo de abrir el acceso a los sótanos.

-Sí que estás loca –aseveró Videona.

-¿Tienes miedo, sistema complejo? –la retó Sonora- A lo mejor no deberías venir, entonces.

-¡Claro que va a venir con nosotros! –intercedió OhVideo- Pero tenéis que dejar de pelearos de una vez. Soni, hazte ya a la idea de que Videona es una más del equipo. Y tú, Videona, hazte ya a la idea de que Sonora está loca, como el resto de la pandilla.

Camarada dibujó un gesto de estupor al verse incluido en tan excéntrica clasificación; locos, los híbridos. Los que los seguían eran, sencillamente, incautos o afortunados.

-Abrir el ac’eso a los sótanos no debería ser p’oblema –declaró Eddyt-. Puedo usa’ alguna de mis herramientas. Pero, ¿cómo nos guiaremos una ve’ dentro? Diçen que los subsuelos del museo e’tán fo’mados por infinidad de catacumbas.

-Ya he pensado en eso –informó Sonora-. Me he descargado los planos de los sótanos. ;–)

museo kachivache

Ilustración: Juan Vega

-Estupendo –intervino Videona-. Obtención de archivos privados, allanamiento… Parecemos una banda de criminales.

-Bueno, tampoco es como si fuéramos a atracar el Banco Central Kachivachiano, Vidi –señaló OhVideo-. Sólo vamos a investigar unas catacumbas que ya a nadie le interesan.

-No me llames Vidi –dijo la aplicación, sonrojada-. No soy tu juguete.

-Entonçes, vamos a entrar en los sótanos –ratificó Eddyt-. Sólo falta sabe’ cómo nos e’conderemos ha’ta que çierren el museo.

-Eso es lo k no he resuelto… -adujo Sonora.

-En primer lugar, cada uno debe tener clara su función –expuso, reciamente, Videona-. Sonora, dale los planos a Camarada para que los convierta en una película, así podrá guiarnos en las catacumbas. Eddyt, estudia la cerradura del acceso a los sótanos y ve escogiendo la herramienta más adecuada para abrirla. En cuanto al escondite, escogeremos la sala de antiguos procesadores, en la que hay numerosas carcasas de primera generación. Cada uno se meterá dentro de una carcasa mientras uno de nosotros entretiene al guardia con alguna pregunta. OhVideo, tú te encargarás de eso, se te da bien el parloteo.

-¿Y cómo me esconderé yo? –musitó, apabullado, el joven.

-Ésa es mi labor –respondió Videona-. Como sistema complejo con algunos componentes virtuales, puedo cambiar de forma durante unos minutos. Tengo que realizar un gran esfuerzo físico y no puedo mantener la nueva forma mucho tiempo, pero servirá para que pueda simular una carcasa en la que te escondas mientras cierran. ¿Alguna pregunta más?

-Sí, yo tengo una –expresó Sonora-. ¿Quién te ha nombrado jefa de la operación?

-No vamos a discutir eso –respondió la aplicación-. Está claro que necesitáis mi supervisión.

-Está bien, Soni –dijo OhVideo-. Ciertamente, cada uno tiene su función, y Vidi es superdotada y se le da bien estructurar sistemas…

-Te he dicho que no me llames Vidi –prorrumpió Videona.

-Sólo es un apelativo cariñoso –masculló el híbrido celular.

-¿Quién te ha dado permiso para que seas cariñoso conmigo?

-Basta, caballero, basta con el tonteo –terció Eddyt-. Ya sabemo’ que amores reñidos son lo’ más queridos, pero no haçe fa’ta que lo demostréis con’tantemente.

-¿Qué… cómo?… –balbució Videona sofocada, mientras los otros reían y OhVideo, por su parte, deseaba enterrar la cabeza bajo tierra.

-Por mí, vale –dijo Sonora-. Que piense que es el cerebro del equipo, si eso la hace feliz…

Finalmente, los cinco jóvenes resolvieron acometer la “Operación Museo” dos días después, el sábado por la tarde. Así que, ansiosos por esta nueva aventura, volvieron a sus casas; algunos, entre risas; otros, sintiendo, a su pesar, mariposas en los circuitos.

Si has llegado hasta aquí, no puedes perderte la odisea de OhVideo y sus amigos en las catacumbas del Museo de Historia. ¿Qué nuevos misterios encontrarán en ellas?…

 

Ilustraciones: Juan Vega
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