Aventuras de OhVideo II (Un extraordinario descubrimiento).

¿Qué fue lo que pudo dejar sin respiración al inquieto e imaginativo OhVideo cuando levantó la tapa del baúl del desván? Ni más ni menos que el diario y los registros sonoros de su bisabuelo, el marqués deCibelio. El único ojo del terminal celular se abrió como un reflector parabólico cuando leyó el título escrito a mano del vetusto libro: “Sonorio deCibelio, diario de viajes y descubrimientos”. Tenía delante de sí no sólo el sentido de su temperamento aventurero, sino la mayor motivación para alimentarlo. Abrió con gran cuidado y reverencia infinita la portada del diario y se disponía a leer las primeras líneas… cuando su madre lo llamó para cenar.

-¡OhVideo, a recargar!

-¡Troyanos y gusanos! –maldijo el híbrido entre las sombras.

Cerró el libro y bajó al salón del hogar. El joven tomó a toda prisa su ración de carga de batería nocturna sin decir una palabra para volver a subir al desván como un cohete.

-Caray, con este niño y sus misterios –profirió doña Pal provocando estática en su imagen de los nervios-, apenas ha tardado diez minutos en recargarse y ya ha desaparecido.

-Qué quieres, mujer, tiene una batería Li-Ion y funciona a otra velocidad –musitó don Markado mientras veía las noticias en el vientre de su mujer desinteresadamente.

-Batería Li-Ion, batería Li-Ion… ¡Le voy a dar yo batería Li-Ion! –exclamó la tele lanzando su mirada y su voz hacia las escaleras, esperando que su hijo la escuchara.

padres ohvideo

Pero estas réplicas pasaron desapercibidas para OhVideo, que ya estaba de nuevo agazapado ante el baúl con el libro entre sus manos. Giró la portada, tomó una buena bocanada de aire y leyó, entonces, las primeras palabras en voz alta pero con tono quedo y ceremonioso, como si la propia historia le demandara un respeto místico. “Todo viaje existencial comienza con una sencilla pregunta…” Su pequeño procesador de 8 núcleos tamborileó con fuerza al sentir una profunda identificación con esta afirmación. Y, por fin, se sumergió de lleno en la lectura de las andanzas de su bisabuelo perdiendo la noción del tiempo. Y viajó con él a través de páramos de placas base y llanuras infinitas formadas por redes de celdas, contemplaron juntos el gran enjambre de luciérnagas de fibra óptica en las Cavernas de Fotodiodos y bancos interminables de coloridos megapíxels en las aguas cristalinas del Lago Digital… Y aún continuaba leyendo cuando se ocultaron las tres lunas de Isla Kachivache y las primeras luces del alba del sábado se filtraron a través de la claraboya del desván. OhVideo había quedado con su pandilla para realizar el famoso trabajo sobre el lenguaje del cine que desde su gran descubrimiento de la tarde anterior olvidara por completo; sin embargo, había pasado la noche en vela y necesitaba un buen rato de modo suspensión antes de dirigirse al Distrito Cell o se apagaría y caería en redondo por el camino. Desayunó, subió a su cuarto y se metió en la funda, pero la ansiedad por todo lo que había leído le impedía suspenderse. Así que se puso a contar memorias USB conectándose en sus puertos. Una memoria: “flaaash”… Dos memorias: “flaaash”… Tres memorias: “flaaash”… Y a la cuarta, sin darse cuenta, ya se había suspendido y soñaba con funciones itinerantes y códigos aventureros y viajes al centro del sistema…

-¡Corre, Bobi, corre!

Era por eso que llegaba tarde. Había estado en modo suspensión más de la cuenta y se le había pasado la hora. Afortunadamente, Bobina le despertó deslizándole la lengua de celuloide por la cara, pues de otro modo habría pasado suspendido todo el sábado.

pandilla kachivache -¡Vaya, X fin se ha decidido a venir! –bramó Sonora desde su enorme altavoz cuando los tres chicos, bajo la estatua de Frekuencio MegaHerz, lo vieron llegar a lo lejos.

-Bueno, al – se ha t’aído algo de materia’ pa’a el traba’o –agregó Eddyt, con su gracioso acento isleño, al notar que OhVideo llevaba un libro y una bolsa entre sus manos.

Camarada, por su parte, se limitó a fruncir el obturador. El resto de la pandilla no había oído, hasta el momento, pronunciar palabra alguna al dispositivo cinematográfico, bien porque éste era mudo, bien porque todavía no había tenido nada importante que decir.

Resoplando profusamente y aun receptor de sus gestos de reproche, OhVideo no pudo evitar esbozar una amplia sonrisa al observar a sus amigos congregados en la Plaza MegaHerz; le habían acompañado desde sus primeros días de infancia y desde entonces eran inseparables.

Sonora era una terminal híbrida, como él. Con su altavoz estentóreo y su gran extroversión, resultaba una chica hiperactiva, ruidosa y apabullante, pero era sólo por sus enormes ansias de compartir generosamente todo lo que pasaba por sus filtros de información. Aunque tenía once años, uno menos que el resto, estaba junto a ellos en la misma clase porque siempre había sido muy adelantada.

Eddyt

Eddyt, otro híbrido que había tomado la forma de herramienta multiusos, era hijo de dos inmigrantes venidos de Cubyte, una pequeña isla de todas las que orbitaban alrededor de la propia Isla Kachivache, agarradas a ella por cables y conectores, cuyos habitantes hacían gala de un temperamento tan sosegado como saleroso. Así era Eddyt; alegre, optimista, divertido y también sereno, tranquilo, templado. Un verdadero pachorra amante de la fiesta.

Por su parte, Camarada era el único dispositivo puro del grupo, una verdadera cámara de alta definición que captaba, rodaba y guardaba todo lo que pasaba por delante de su objetivo, aunque, desde el principio, su impenitente mutismo lo había apartado de los círculos populares, por lo que acabó juntándose con los híbridos. Así había aprendido que esos frikis resultaban, por lo general, más creativos y más sensibles que el resto.

Sí, los tres adolescentes constituían, junto a él, una cuadrilla muy especial. Y si le resultaba imposible reprimir esa enorme sonrisa mientras corría hacia ellos y los contemplaba, parados bajo la estatua con los brazos en jarras, era porque ignoraban completamente que OhVideo estaba a punto de arrastrarlos a una nueva y fantástica aventura…

¿Qué extravagante idea se le habrá ocurrido al terminal híbrido en esta ocasión?

Sigue atento a la próxima entrega de las aventuras de OhVideo.

Ilustraciones: Elitxo Garayalde

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1 Comment
  • Perla
    febrero 20, 2015

    De verdad que me ha encantado, me parece super ingenioso y estaría bien editarlo en libro. Es probable que me guste doblemente porque los personajes me son cercanos, familiares, mundos que reconozco. Y las ilustraciones son preciosas, simpáticas, acertadas. De momento me parece un acierto. Ojalá tenga buena difusión, lo merece.

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