Aventuras de OhVideo I (La génesis de un joven aventurero).

Había muchas cuestiones que preocupaban a OhVideo. Por supuesto, las normales en cualquier adolescente de Isla Kachivache: hacerse con los gadgets más populares, depurar sus líneas de código, instalarse las últimas actualizaciones de su sistema o conseguir una cita con una simpática terminal.

Pero, más allá de estos asuntos triviales, las inquietudes de OhVideo se veían particularmente agitadas por aquellas “grandes preguntas” que siempre habían preocupado a los ilustres teóricos de la tecnociencia y el universo de las telecomunicaciones y a las cuales aún nadie podía dar respuestas fehacientes: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Cómo surgió Isla Kachivache? ¿Hay una suprema entidad programadora que gobierna nuestras vidas o la existencia es sólo fruto del azar de una caprichosa cadena de bits? ¿Es cierto el mito de la obsolescencia programada o se trata, únicamente, de un cuento para asustar a los niños que no quieren entrar en modo ahorro de energía por las noches?… Ufff, los microchips de OhVideo se recalentaban cuando daba rienda suelta a su curiosidad. Tal vez el Consejo de Sabios de Ciudad Intel contara con el estoicismo suficiente para apoltronarse durante horas en sus asientos refrigerados y cavilar sobre estos temas -seguramente les ayudara poseer potentes procesadores que trabajaban en paralelo con sus redes neuronales artificiales-, pero el joven híbrido no tenía la misma paciencia para esa reflexión pasiva, como bien se preocupaba de recordarle constantemente la señorita Boolean, su profesora de sistemas binarios. Por otro lado, OhVideo entendía que los grandes descubrimientos requerían de algo más que de un puñado de pensadores encerrados en una aislada sala de computadoras; ante todo, era necesaria una investigación activa. Y ésta era la auténtica raíz de sus ansias y motivaciones.

OhVideo, como otros muchos terminales híbridos de Isla Kachivache, había nacido en la Provincia de Telekom, capital y territorio medular del extravagante cuerpo celeste, y a sus doce años todavía no había salido de los límites de esta región. Muchos habitantes de Telekom, apoyados por la idea de su centralismo y su carácter globalizador, consideraban que no era necesario viajar al resto de la isla para nutrirse de conocimientos ni para saber lo que pasaba en otros lugares, pues para ellos era suficiente poseer el patrimonio ancestral de una amplia red informativa y, por añadidura, el monopolio del mainstream. No era éste el caso de OhVideo. En parte porque su corta edad le libraba de tales petulancias, pero, ante todo, porque poseía una cualidad que anidaba entre sus componentes y dispositivos por alguna atávica excentricidad: su espíritu aventurero.

maques de cibelio Su bisabuelo por parte de padre había sido el marqués deCibelio, un fonógrafo de tercera generación, de cilindros de cera, inquieto y voraz. Grabando innumerables registros de todo lo que veía y oía, había recorrido Isla Kachivache a lo largo y ancho en busca de respuestas a esas viejas incógnitas que sacudían el corazón de OhVideo y que a los modernos telekomianos parecían haber dejado de importar. Sonorio deCibelio había coronado la cima del monte Magneto, en la Cordillera Polarizada, para descubrir el origen de las ondas electromagnéticas; había tomado parte en una profunda expedición a las Tierras Vírgenes con objeto de estudiar el comportamiento, las creencias y la vida cotidiana de sus tribus, formadas por los aparatos y terminales más primitivos; había participado, igualmente, del descubrimiento de las Criptogrutas -que escondían cientos de miles de archivos codificados-, al descender a las mismas con el primer equipo de espeleólogos que hollaba el lugar… Había contemplado, en definitiva, muchas de las zonas más ignotas y recónditas de la isla planetaria. Tras dedicar su vida a la arqueología tecnológica y contextual, el venerable marqués murió a la edad de noventa y nueve años en una de sus más arriesgadas empresas, penetrando en las profundidades abisales de los Pantanos de Metadatos, no sin antes dejar constancia sonora de los abundantes periplos que habían marcado su vida.

Eludiendo dos generaciones de sedentarismo, el alma viajera del animoso fonógrafo había sido heredada por su bisnieto, un híbrido celular -así llamaban a los terminales que estaban formados por dos o más dispositivos procesadores digitales-, lo cual resultó evidente en cuanto OhVideo tuvo edad suficiente para gatear y comenzó a escaparse a los campos de conectores RCA que se mecían al viento frente a su casa, a las afueras de la Provincia de Telekom. Su madre, una tele de tubos de rayos catódicos con tres cañones que, aunque conservaba todavía una buena imagen a color y cierta apariencia juvenil, estaba dominada por el obsoleto pensamiento analógico, ponía el grito en el cielo con estas incursiones al exterior de su pequeño:

-¡Si es que ese amor por el lance y la aventura le corre por los circuitos!

-Qué quieres, mujer, lo lleva en su código fuente –aseveraba su padre, un teléfono góndola color beige, mientras leía el Telekom Post resignadamente.

-Código fuente, código fuente… ¡Le voy a dar yo código fuente! –se quejaba doña Pal, ofuscada ante un salto tecnológico que no acababa de entender- ¡Qué cruz, con estos niños digitales!

Entre escapadas y regañinas, OhVideo se convirtió al cabo de doce años en uno de los adolescentes híbridos de Isla Kachivache, caracterizados por sus rarezas y extravagancias. Eran considerados, por lo general, los frikis de la clase y OhVideo, desde luego, no era una excepción. Poco a poco sus travesías se volvieron más osadas, alimentadas sistemáticamente por la curiosidad investigativa que el joven iba desarrollando. En compañía de su querida mascota, Bobina -Bobi para los amigos-, un rollo de celuloide de 35 mm, perdía las tardes recorriendo la periferia de Telekom, poblada de bosques de cables y conexiones, plantaciones de antenas parabólicas y monolitos repetidores, mientras los otros jóvenes, la mayoría formada por terminales y sistemas puros, se reunían en los recreativos de los centros comerciales o gastaban sus pagas en el Play Store. No es que a OhVideo no le gustara divertirse en estos lugares, pero se aburría pronto cuando los mayores desafíos consistían en descargarse juegos y expansiones en su sistema operativo -que, por otro lado, tardaba poco más de un par de horas en resolver- o visitar tiendas virtuales para hacerse con la customización más chula y fashion -al joven ni le interesaba ni se le daba muy bien el mundo de la moda, a no ser que fuera para practicar cosplay de sus personajes favoritos-. Así pues, prefería buscar tesoros o rincones escondidos en compañía de su pandilla, formada por híbridos casi en su totalidad.

-¡Corre, Bobi, corre!

bobina

Aunque dando saltos, pues carecía de piernas, OhVideo se desplazaba a gran velocidad por las avenidas del Distrito Cell seguido a duras penas por el pequeño rollo de 35 mm, que trotaba desesperadamente con la lengua de celuloide fuera y ladrando cuando la agitación se lo permitía. El joven había quedado con Camarada, Sonora y Eddyt en la Plaza de MegaHerz, bajo la estatua del ilustre pensador telekomiano, y ya llegaba una hora tarde. Por lo general, los fines de semana el grupo de amigos se reunía para acometer diversas excursiones al cinturón de la provincia en busca de algún tesoro imaginario o en una “misión arqueológica”, siempre bajo la iniciativa de OhVideo, pero en esta ocasión se habían citado por un motivo mucho más prosaico: debían realizar un trabajo en grupo sobre los diferentes lenguajes en el cine que Don Kinetoscopio, el profesor de ciencias cinematográficas, les había encargado para final de trimestre. Las escuelas en Isla Kachivache derivaban a sus alumnos a diferentes ramas dependiendo de la identidad de su tipo terminal. Aunque había algunas asignaturas comunes como insulografía, tecnohistoria o sistemas binarios, cada rama se ocupaba de un área de conocimiento en el mundo de la telecomunicación, la cual, de modo genérico, conformaba el acervo sociocultural de la isla. OhVideo y sus compañeros pertenecían, concretamente y por sus características como terminales, a la rama de la comunicación audiovisual. Por tanto, las ciencias cinematográficas representaban su asignatura más relevante.

Cuando Camarada, Sonora y Eddyt lo vieron llegar a lo lejos, corriendo como una banda ancha de 2Gbps, pusieron los ojos en blanco y adoptaron un gesto de cansancio, pues estaban acostumbrados a sus tardanzas. Efectivamente, OhVideo, siempre absorto en sus fantasías, tenía cierta tendencia a la impuntualidad, pero en esta ocasión le amparaba una razón de peso; la noche anterior su vida había cambiado por completo en un giro de la azarosa serendipia cuando, buscando material para su trabajo escolar en el desván, encontró dentro de un viejo baúl algo tan sorprendente que lo dejó sin aliento durante largos instantes…

¿Cuál será el singular descubrimiento que hizo OhVideo en su desván?

¿A qué aventuras le empujará dicho descubrimiento?

No te pierdas la próxima entrega, en la que hallarás la respuesta a éstas y otras preguntas.

Ilustraciones: Elitxo Garayalde

23
4 Comments
  • Clio
    febrero 15, 2015

    Me ha encantado! Hacía tiempo q nadie me sumergía en un mundo tan creativo y genial. Seguiré con entusiasmo las aventuras de ohvideo!! Por cierto, las ilustraciones geniales también!!

    • Christian Märtens
      febrero 20, 2015

      Muchas gracias, Clio, esperamos responder a las expectativas con las siguientes entradas de las aventuras de OhVideo. Es un mundo que estamos creando con mucho cariño y mucha ilusión y comentarios como el tuyo nos animan. ¡Un saludo!

  • Ynnaeh
    febrero 16, 2015

    Muy buena e inteligente humanización del mundo “cacharresco”. Es la primera vez que siento deseos de saber qué son ciertas cosas como mainstream o 2Gbps…tengo la sensación de que me he perdido algo por no estar actualizada XDXD Me siento un poco OhVideo XDXD

    • Christian Märtens
      febrero 20, 2015

      Me alegro de que las aventuras de OhVideo, además de ser de tu agrado, te hayan animado a investigar un poco, Ynnaeh; ése es el espíritu. Esperamos que las próximas entradas, como a OhVideo, te ayuden a actualizarte rápidamente para que sigas sus peripecias. ¡Un saludo!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *